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Variables sobre empleo rural

  • 3 mar 2017
  • 2 Min. de lectura

Un tema que aún no encuentra un lugar destacable en la agenda de los políticos es el de la movilidad demográfica. Por lo general, se manejan conceptos muy amplios y poco específicos que no van más allá de evaluar la división entre población urbana y rural y del proceso cada vez más acelerado de urbanización.

Se pone atención en la aparición de nuevos asentamientos en los principales núcleos urbanos y la presión emergente sobre factores como vivienda, empleo, servicios básicos, educación y salud. Algunos políticos avanzan un poco más y pasan de lo descriptivo al diagnóstico sobre las causas de este fenómeno, achacándolo a la sojización del campo con la consiguiente expulsión de pequeños agricultores y el crecimiento de la pobreza. Sin embargo, falta una sintonía fina sobre este proceso.


Así como la urbanización creciente es compleja, lo que queda de población rural también experimenta cambios en sí misma. Desde hace medio siglo, organismos como la Comisión Económica para América Latina (Cepal), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) siguen con atención la subdivisión de la decreciente población rural y el origen de sus ingresos. Se habla, desde entonces, de empleo rural no agrícola (Erna) y, consecuentemente, de ingreso rural no agrícola (Irna).


“El empleo rural no agrícola constituye en la actualidad la actividad principal de casi el 40% de la población económicamente activa de las zonas rurales de la región y aporta cerca del 50% de sus ingresos”. Eso define además un concepto muy poco manejado por la política paraguaya: que no todo el que vive en el campo es necesariamente agricultor.


¿A qué se dedica esa gente y qué ingresos logra? Según la OIT, el envejecimiento de la población rural acompaña el ritmo migratorio y para fines del presente siglo, el segmento de jóvenes rurales entre 15 y 24 años comprenderá apenas el 10% del total. “Por el contrario –afirma la OIT- una de cada tres personas en zonas rurales tendrá 65 años o más. Estas tendencias determinarán el mercado laboral y ejercerán presión sobre los sistemas de protección social”. Según la Cepal, “todos los estudios demostraron que la educación condiciona la participación y el éxito en el empleo y el ingreso. Mayor educación significa más empleo asalariado no agrícola en ocupaciones de alta productividad bien remuneradas.


Los más educados tienden a evitar el empleo asalariado agrícola y gravitan en torno al empleo asalariado no agrícola y, secundariamente, al empleo por cuenta propia no agrícola”. Muchos estudios centrados sobre el Paraguay ponen foco sobre el crecimiento explosivo de los “anillos de pobreza urbana”, un subproducto no deseado de la movilidad demográfica. Pero pocos se ocupan –para no decir ninguno- de la transformación que experimenta la población rural menguante, su demanda de empleo y las nuevas formas de vida que genera. Un tema sobre el cual seguiremos ocupándonos en este espacio editorial.


Fuente: www.5dias.com.py/


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