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La dura lección que busca los cambios reales en la Albirroja

  • 6 jun 2017
  • 3 Min. de lectura

​La fea caída de la Albirroja ante Francia propició, como es lógico de suponer, una serie de manifestaciones en contra de individualidades que no hacen al fondo de la cuestión, si se quiere alcanzar los grandes avances para equiparar, alguna vez, a estas potencias futbolísticas que hoy distan mucho de nuestra realidad.


"Muerto el perro no se acaba la rabia". No pasa por cambiar al técnico ni sacar a uno o dos jugadores que no rindieron en la medida esperada ante los franceses. Necesitamos hacer profundas correcciones, comenzando con las fuerzas básicas que tampoco será suficiente con el trabajo de Gerardo González, Gustavo Morínigo o Pedro Sarabia en las selecciones menores.


La primera acción debe pasar por la clase dirigencial, que debe entender que la prioridad es la formación. Ello implica el sitio de entrenamiento, campos en condiciones, formación integral, hacer entender al futuro futbolista que no todo pasa por su autoestima, principalmente desde los valores que el mismo maneja.


La dirigencia debe entender que la prioridad es la selección, de cualquier categoría, y a la misma se debe llegar ya sabiendo los pasos fundamentales, no solamente de lo estrictamente futbolístico, de la convivencia en un estamento superior que implica el equipo nacional y, por sobre todo, el grado de competitividad que se requiere para afrontar los grandes desafíos.


La selección que enfrentó a Francia se formó llamando a jugadores sin que sean "perjudicados" sus clubes, en lo referente a los locales, porque la prioridad, de estas instituciones, es el campeonato local.


A lo mejor el resultado hubiese sido el mismo si iban los Rojas, Julián, Riveros, Bareiro o algún otro que amerita también su presencia en la Albirroja. Lo que se quiere apuntar es el nivel de crecimiento que tenemos en el pensamiento, de mirar solo la "chacrita" sin apuntar a lo general.

Lo otro es el nivel de competitividad que debemos mejorar en el torneo local. Es cierto que la definición de nuestros campeonatos es por lo menos atractivo, pero debemos jugar más.


Las correcciones deben ser profundas. Se cortan mucho nuestros partidos, se pierde tiempo en la ejecución de los laterales, en los tiros libres ni hablar, los árbitros advierten cincuenta veces lo mismo cuando va a ir el balón al área, nos tiramos al piso simulando lesiones inexistentes, nos creemos los más vivos y no nos damos cuenta que con esas acciones somos perjudicados todos. No llegamos ni a setenta minutos de pelota en movimiento, de los noventa porque solo queremos llegar al final, sin importar el cómo.


Francia nos dio una clase magistral de competitividad, jugando a pleno (con todas sus estrellas), con un estado atlético impresionante, con lectura rápida del juego, con movimientos (no percibidos en televisión) constantes de todos comprometidos con quien tiene el balón, con picardía, calidad técnica depurada y con fuerza, cuando hubo necesidad.


Los que ingresaron desde la suplencia jugaron en el mismo nivel, o mejor que los titulares, y todo ello se alcanza con tiempo, paciencia y priorización de los valores.


"Llevo cinco años de trabajo con este grupo", le dijo Deschamps a Arce en el pasillo que conduce a la sala de conferencia y ese tiempo sirve para estar posicionado en el sexto lugar del mundo. No hay otra manera y no pasa por cambios efímeros que podrán conducirnos a triunfos también pasajeros, irreales. O alguien puede creer que iba a cambiar nuestra realidad si le ganábamos a Francia?


Fuente: www.lanacion.com.py/


 
 
 

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